Al Oeste del Ocejón hay un par de ríos que van entre barrancos de jaras, pizarras y encinas, son barrancos abruptos de gran belleza.

La pesca en ellos se hace complicada y arriesgada, la soledad es una constante, aunque tienen su adeptos,
el entorno engancha y aunque cada vez menos es necesario sentir su dureza
para por un momento sentirse parte de ellos, y es que la pesca también esta en ellos o por lo menos
así lo siento o lo veo.